viernes, 7 de agosto de 2009

La vida te da sorpresas


La vida te da sorpresas, que sorpresas te da la vida!!!
Por el año 99 yo vivía en mi cuento infantil de hadas todo era felicidad, no había problemas, lo único que me calentaba más la cabeza es que la maestra nos mandara muchos deberes para casa o que algún amigo o primo no me invitara a su cumpleaños.
Años más tarde empezó para mi una de las etapas más confusas y rebeldes de mi vida “la adolescencia”.

Por entonces tenía una vida social muy ajetreada pero cabe destacar algo. En esta etapa me paso lo mejor que me pudo pasar en la vida aunque no supe afrontarlo con madurez como es lógico.
Apenas había cumplido los 14 años y el destino puso en mi camino al hombre más maravilloso del mundo. Me atrajo de él todo. Su forma de ser, de pensar, de disfrutar la vida. Sus caricias me derritieron y sus besos… mmm... Los mejores besos del mundo entero. Su risa, su mirada tan especial y a la vez hermosa. Me sentía super afortunada y feliz de tenerlo entre mis brazos, aunque el mundo, se empeñara en que debía de ser todo lo contrario.

Con 14 años yo aún no tenía mi personalidad marcada y era muy influenciable por lo tanto, por “h” o por “b”, nuestros caminos tomaron rumbo distinto y caí en el error más grande que pude haber cometido jamás: dejar escapar a mi príncipe azul, al hombre de mis sueños.
Desde entonces no pasó un día sin que me acordara de él.
Pasaron los años y puntualmente seguía abriendo el baúl de los recuerdos donde guardaba sus cartas, sus regalos y cosas absurdas que lo relacionaban. Lo olía y cerraba los ojos para sentirlo cerca.

Al cabo de seis años me decidí a poner punto y final a todo el absurdo y confuso pasado que me amargó durante años. Nadie más volvería a intervenir en mis decisiones.

El destino nos volvió a unir.

El reencuentro fue muy especial. Había pasado toda la etapa de la “metamorfosis”, ya éramos adultos, estábamos cambiadísimos, el miedo de pensar que la persona de la que llevaba enamorada durante años pudo haber cambiado y no ser la misma, me invadía por todas partes, pero aun así, armada de valor, decidí YO que mi destino debía de ser ese.

Una decisión muy acertada.

Él seguía siendo la misma persona de la que me enamoré. Más guapo, más maduro, mas sensible y cariñoso…

Nuestras manos se rozaron, sin darnos cuenta, se agarraron, nos miramos, el sentimiento mutuo corría por nuestras venas y corazones, nos fundimos en un solo ser, solo nuestros ojos mirándose fijamente hablaban por si solos y cuando nuestros labios se juntaron estalló un éxtasis de amor que a día de hoy, y pasados 2 o 8 años, sigo sintiendo.

Un secreto?? La noche del primer beso después de nuestro reencuentro no podía dejar de llorar de tanta felicidad que invadía mi interior.

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