
Una Buena amiga con un nombre muy frío ya me lo dijo mil veces… “no esperes nunca nada de nadie si no quieres ser defraudado”
Hay veces en la vida que el amor, el roce, la amistad o el cariño te hacen hacer cosas por otra persona sin, ni mucho menos, esperar nada a cambio. Pero pasan los días, las semanas, los meses… y echas en falta detalles que te hagan sentir especial. Detalles reales, con sentimientos, sin ocasiones especiales de por medio ni mucho menos materialistas.
Te paras un instante y piensas “qué absurda soy, no aprecian lo que hago, o… ¿los absurdos son ellos?”
En este caso, absurdos somos todos. Los que esperamos algo, y los que no esperan nada, pero más absurda soy yo, que tengo un consejo muy valioso y en mucho tiempo aún no he aprendido la lección.
Sigo esperando una sorpresa, unas palabras de agradecimiento, un paseo bajo las estrellas, una carta, una postal, una noche sin hacer nada mirando el mar con buena compañia, una flor del parque, o simplemente, actitudes que me demuestren que lo que e echo, sea malo o bueno, ha llegado hasta el corazón de quién esperaba, actitudes, no solo palabras, que me demuestren que de verdad soy importante, que me han escuchado cuando he hablado, que me han entendido...
Mañana me levantaré, pasará el día, caerá la noche y, como siempre, volverá a mí la desilusión por haber pasado otro día más de mi vida esperando a que los demás hagan lo que me gustaría que hicieran, y, como es lógico, no lo harán...

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